Acerca del Conflicto en #cauca Conflictos culturales en Colombia, una guerra con nosotros mismos.

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El Convenio 107 de la Organización Internacional del Trabajo firmado en 1957, fue el primer acto de reconocimiento internacional de los Derechos de los Pueblos Indígenas. En 1989, el acto reformulado a través del Convenio 169 es el instrumento jurídico con el que cuentan las Comunidades Ancestrales para la exigencia por el respeto a su Cosmovisión, Pensamiento, Gobierno y vida propios.

En un aparte del mencionado convenio 169 a los pueblos indígenas se les “otorga” además el derecho de definir “sus propias prioridades en el proceso de desarrollo”, y de “participar en el establecimiento, la ejecución y la evaluación de los planes y programas para el desarrollo nacional y regional” ordenando a los Estados la responsabilidad en la Consulta Previa antes de cualquier decisión que involucre a los Pueblos Indígenas.

Colombia, fiel como pocos en América, a una tradición greco-romana dominante ha sabido cultivar el monocultivo étnico y cultural sobre una matriz mítica que se resiste. Este virreynato al igual que en todas las otras latitudes nunca tuvo algo puro en sus orígenes, no hubo feudalismo sino un colonialismo autóctono, a pesar de las necesidades libre mercantiles de los próceres, los caudillos gestaron masacres mal llamadas guerras civiles como bases para los partidos políticos, la esclavitud se abolió gracias al sutil dispositivo del concierto, el peonazgo y las deudas de los libertos de vientre, también los bogas fueron siempre negros e indígenas arrancados de sus gentes para construir el país sobre sus espaldas llamadas “lomos” no por los españoles sino por los mismos nacidos en América, la entrada al mercado internacional fue vivida al interior por la fuerza impuesta del Estado-Nacional totalizante, uniforme y fronterizo, camino por el cual se forjaron las etapas de violencia que sucedieron a los conflictos por el territorio.

En el lenguaje también se vive día a día la exclusión como cuando se le dice a alguien “indio” con intención de ofensa, sumado a un sistema educativo que se cimenta sobre la instrucción internada del catecismo de la Historia Oficial. Sobre esa realidad histórica se posan las Políticas, Programas y Proyectos de inclusión de cada ciudadano, y en ellos simepre hay un rincón para las “minorías” y en el desconocimiento de estos y muchos otros temas radica la dificultad para acercar conclusiones de consecuencias prácticas que superen el discurso en la materia, el país ha sido ordenado de forma artificiosa por encima de las regularidades y matices regionales, de las comunidades de reproducción locales, además, ribereñas con sus metarelatos, los de hombres caimán, hicotea, los mohanes y huacas verdaderas.

Sin embargo, las sociedades occidentales, firmantes de dichos Convenios se han caracterizado desde la antigüa Edad de Los Imperios, por hacer valer y cumplir únicamente las Normas relacionadas con la “sagrada división” entre propietarios y no propietarios, entre vencedores y vencidos. El espacio de lo Humano a través de la Historia se ha transformado en función de los factores que generan riqueza; en primer lugar el espacio antropológico inicial fue el de la Tierra, caracterizado por el dominio del lenguaje, las técnicas primarias de control sobre la materia y el surgimiento de las formas complejas de organización social como la religión, la importancia de las relaciones de parentesco, la obtención directa del alimento y la comunicación somática (basada en la puesta en escena de las destrezas del cuerpo en un contexto particular y un auditorio en vivo), en segundo lugar se impuso sobre aquél el espacio antropológico del Territorio, teniendo un alto valor la dominación sobre otros grupos humanos, la Ciudad, la Agricultura para sostenerla y el Estado para garantizar el orden a base del dominio de la producción y el ejercicio de autoridad. El siglo XVI emergió con el espacio del flujo de las mercancías, dominado por la ciencia experimental y su arrogancia, y la medición de la fuerza de trabajo y su explotación, las fuentes de energía y la depredación ambiental para el crecimiento de la industria y sobre todo la fijación y transmisión de los mensajes de forma masiva y descontextualizada; en la contemporaneidad nos domina el espacio del conocimiento, caracterizado por la velocidad en el flujo de los mensajes, la presencia constante de la masa y la recontextualización de los mensajes. En este caminar, los humanos en las sociedades posmodernas han vuelto a conocer la brusquedad de los elementos naturales pasando su cuenta de cobro por los excesos de la tecnociencia y lastimosamente de forma más agresiva, afirmando una vez más la analogía del tiempo y la espiral. Este mismo espacio antropológico ha permitido conocer las diferentes voces que se alzan haciendo global de forma fugaz una reivindicación local: “Sólo exigimos que nos devuelvan la tierra” son las palabras de un miembro de la Guardia Indígena del Pueblo Paez del Cauca colombiano frente a la cámara del documentalista Hollman Morris, en un video del año 2005. Hoy está en fulgor la noticia, pero es posible que pronto pase de moda, se borre “como quitado con la mano”.

Las palabras de este representante de uno de los Pueblos Ancestrales mencionados en el Convenio 169 pueden interpretarse de múltiples maneras, una de ellas es, que en cada acto de lucha de los 33 pueblos al borde de la extinción en Colombia y otros tantos más en riesgo en este territorio y el resto del mundo, se percibe un llamado casi telúrico de una parte de nosotros, que habla desde la memoria aún conservada de ese espacio antropológico del que partimos, del cual nos alejamos por necesidades de la Historia, pero no hemos comprendido ni asimilado por completo, paso harto necesario. Precisamente en esta nueva oportunidad tal vez se encuentra una esperanza, en la simulatenidad de voces que se manifiestan, que en trabajo colaborativo podrían convertir el dato en conocimiento y superar el influjo de la sociedad del espectáculo para exigir que frente a cada uno de estos actos de violencia o exclusión, pero sin romanticismos, se luche con la fuerza necesaria por el último de los Derechos en pugna, la autodeterminación, que finalmente implica a todo ser que pueda sentirse con vida.

Fuentes Bibliogŕaficas:

LEVY, Pierre. Inteligencias Colectivas: Por una antropología del ciberespacio. INFOMED, 2004.

CRUZ KRONFIL, Fernando. La Tierra que atardece. Planeta: Mejico, 1988

RUÍZ NAVARRO, Carolina. Muchos Indios! En: http://www.elespectador.com/opinion/columna-361064-muchos-indios. Consultado Julio de 2012.

FALS BORDA, Orlando. Historia Doble de la Costa. Bogotá: Unibiblos, 2001

MORRIS, Hollman. Contravia: Capítulo 190. La Gran Minga en el Cauca. 2005 En: http://www.youtube.com/watch?v=jYAHHOIWzxc

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Author: luismsanchez

Bogotá, Colombia.

Sentipensante, defensor de Derechos Humanos, voluntario en acciones humanitarias y promotor de alternativas al desarrollo y la cultura libre y autodidacta de las ciencias de la información.
Sociólogo, co-fundador de ReDHumus.org, especialista en acción sin daño y construcción de paz.

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